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A un día de las elecciones presidenciales: entre la desilusión y el voto, elijo votar.

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Falta sólo un día para las elecciones presidenciales 2018. ¿Estás listo para votar?
La verdad es que yo soy una de esas personas que oscilan entre ser muy política o caer en el nihilismo. Es decir que a veces me importa mucho la política y a veces no creo en absoluto en que el sistema político pueda cambiar de alguna manera mi vida personal.
Yo creo que somos muchas las personas que estamos decepcionadas de la política y es por eso que he decidido hoy hablar a esas personas, a las que comprendo perfectamente porque he estado allí.
Es cierto que aunque la vida privada, en la que se incluye a los seres queridos y al propio desarrollo espiritual e intelectual, nada tenga que ver con la política; si hay otro aspecto en el que la política influye en gran medida en la propia vida.
Como parte de una sociedad capitalista, dependemos de muchos factores: de las leyes del estado, del valor del dolar, del precio de los propios recursos, de la pérdida de los mismos.
Un claro ejemplo es la reforma energética, pues, al permitir el control de los recursos a un particular, el petroleo o la luz dejaron de pertenecer al pueblo. En un escenario previo a la privatización, el gobierno debe fungir como intermediario y cobrar únicamente por el servicio y el producto que entrega y este dinero permanece en el estado y debe (en el ideal en que no exista corrupción) invertirse en el desarrollo del país.


No obstante, al pasar a manos del sector privado, debemos aceptar que el fin de una empresa es y siempre va a ser obtener más ganancias económicas. Esto, desde luego, hace que cualquier producto privatizado: la luz, la gasolina, el transporte, la salud, el agua, etc., se vuelva más caro; pues no sólo el vendedor busca obtener más ganancias sino que además esas ganancias no se reinvierten en el desarrollo del producto para abaratarlo, sino que salen para beneficio del propietario y el proceso se cobra por completo al consumidor, pues el dueño no se preocupa por los consumidores sino por obtener su dinero. (Un ejemplo en otro ámbito es Carlos Slim, quien se enriqueció a costa de Teléfonos de México).
Y aunque yo esté sentada en mi casa con mi familia, ajena a todo este problema, cuando vaya a comprar pollo, éste va a estar más caro. Pues si la gasolina es más cara, todo es más caro, pues el distribuidor debe cobrar no sólo el producto que ha comprado más su ganancia, si no la gasolina extra que ha gastado en transportarlo de la granja a tu mesa.

Esto demuestra que la política influye, si bien no influye en mi desarrollo personal, pues no influye en lo que pienso y en cómo siento, sí influye en la parte más básica de la vida: en si puedo o no comer, y si no puedo comer, no puedo vivir, y si no vivo, entonces ni puedo pensar ni vivir.
¿Que si creo en el proceso electoral? No. Pese a ello, tengo un hijo, y por él lucho por creer, pues de eso depende su futuro. Es decir, puede que mi voto no sirva para nada y que haya un fraude electoral, pero, ¿vale la pena jugarme el futuro de mi hijo?, por si acaso el sistema funciona, debo votar; pues si de verdad funciona puedo ganar la apuesta y si no funciona, por lo menos no queda en mi conciencia.
¿Qué si creo en algún candidato? Desde luego que no se puede
“creer”en un candidato como si se tratara de un mesías, sólo se puede creer en una propuesta de gobierno y esperar que sea cumplida. Esa propuesta, a mi parecer, es la que no busque privatizar al país, porque ello significa, no digamos ya venderlo, sino regalarlo, lo que repercute en el bienestar de todos, el mío, el tuyo lector, y el de nuestros seres querido.
Hasta el momento, yo he visto que el PRI, el PAN y sus aliados se han dedicado a vender el país, lo que ha repercutido negativamente en la vida de millones; positivamente en la vida de muy, pero muy pocos (a los que podemos llamar corruptos) y ha dejado sin alteraciones a unos cuantos, que son la clase media alta a la que no le afecta mucho que el huevo, en vez de costar 20 pesos, cueste 35.

Imagen obtenida de: https://mexiconoolvida.wordpress.com/2012/07/10/imposicion-presidencial-y-el-huevo-tan-caro/

Y es por eso que pienso votar en contra de esos partidos. Es como cuando dos equipos de fútbol juegan y uno de esos equipos te cae mal, y entonces le vas al otro equipo sólo para que el otro pierda. Sólo que en este partido, hay mucho en juego.
Querido lector, te invito a que salgas a votar mañana, tal vez no ganes nada, pero si no ganas, no tienes nada que perder; por el otro lado, tal vez sí ganes algo.
Admitamos que en la situación económica de este país, cualquier cosa que se gane es mucha, pues gran parte de los mexicanos estamos en la situación de que no tenemos mucho que perder y si tenemos un poco, les aseguro que con la venta completa del país, sí que lo vamos a perder.
Hay una canción del cantautor español Nacho Vegas que dice: “entre la pena y la nada, elegí el dolor”, pues bien, yo he hecho de tripas corazón y digo: entre la desilusión y el voto, elijo votar, aunque no crea mucho en ello.

Imagen relacionada

 

Pd. Consejo final para evitar el fraude: lleva pluma negra y tacha primero con tu pluma y luego con el marcador que ellos te dan. No lleves plumón ni crayón, porque mancha la boleta y el voto es eliminado. Por si acaso, tacha sólo una casilla, no marques más de un partido, aunque sean aliados. No escribas NADA en la boleta.

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