Hablar de amor en el cine es recurrente. Existen obras que resaltan el estado mental de infatuación que se padece en el enamoramiento. El amor es un abanico de matices y depende de cada director lo que desea mostrar al espectador.

En “El hilo invisible” de Paul Thomas Anderson, elige mostrar el amor como un juego de poder. Goethe comentaba: “Sobre la gran balanza de la fortuna, raramente se detiene el fiel; debes subir o bajar; debes dormir y ganar o servir y perder, sufrir o triunfar; ser yunque o martillo” y esto define de forma exacta lo que nos relata la cinta.

En 1870, el escritor austriaco Leopold von Sacher-Masoch, sacó a la luz una obra llamada La venus de las pieles; la cual elabora una trama exquisita sobre la sumisión y la codependencia. Mientras miraba El hilo invisible, fue imposible no recordar la obra de Masoch y entretejer la conclusión de que a veces el amor es una maldición.

La película es contada desde la perspectiva de Alma, mujer que en un principio se nos muestra tímida, pero mientras avanza la trama, se convierte en una especie de sombra que cobra control sobre su amado y sobre sí misma. Y es que si algo claro nos muestra el filme, es la sutil línea que existe entre ser el amo o el esclavo.

El poder es una copa llena de hiel que hace daño a quien la bebe.

Alma, es una palabra latina que significa “lo que alimenta” y tal vez no es coincidencia que Reynolds, famoso diseñador de vestidos, la conozca en una cafetería. Primeramente alimentando su cuerpo para después alimentar su ego y más importante, alimentar su necesidad de sufrir.

Un problema con la felicidad, y que casi nadie dice, es que aburre. Todos, de igual manera, aspiramos a la perfección siendo ignorantes de las consecuencias que ésta trae consigo: el vacío.

El personaje de Reynolds es un adoctrinado de las buenas costumbres, de todo aquello que llamamos civilización. Su conducta se dirige hacia la delicadeza y una idea romántica e idílica de arte. El diseño de aquello que nos cubre y que hace nacer al pudor, produce en el protagonista una sensación de poder que traslada al terreno de las relaciones interpersonales.

Durante la película veremos cómo se tensa la cuerda entre los dos amantes sin nunca llegar a romperse. La fijación racional hacia un objeto causa obsesión y crea mecanismos de defensa que hieren de manera profunda.

Alma, al ver que Reynolds está cerca de prescindir de su cariño, urde, desde con todo el cariño de su corazón, la maniobra para seguir alimentando a la fría existencia de su esposo y la enfermedad aparece. El desequilibrio que equilibra el universo y hace que nos odiemos un poco más, un poco menos.

La obra es una muestra de ritmo y fotografía que estructura una historia que paulatinamente se va complejizando y retratando una realidad que seduce por horrorosa.

Al final, ver caer aquello que amamos reafirma que necesitamos la ternura y el sufrimiento del otro para existir.

El enamorado celoso soporta mejor la enfermedad de su amante que su libertad.

Marcel Proust.

Ars gratia artis

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