“Uno no elige sus obsesiones” dice la frase que escuché en algún lugar, hace ya un tiempo. Y con ella, pudo iniciar a hablar de la película, There will be blood, del año 2007. Y es que la obsesión se define como aquella idea recurrente que existe en la mente y para la cual, no existe una razón lógica para reproducirse una y otra vez, sólo es. Y, en el caso de este filme, esta idea recurrente es la tenencia de más.

Situada en Estados Unidos de inicios del siglo XX, la película muestra una ambientación sobresaliente, en donde la fiebre por encontrar petróleo está a tope y en este contexto es donde veremos nacer a nuestro protagonista: un donnadie neurótico que se saca la lotería negra. Con esta base, inicia una historia que narra las vicisitudes de un hombre y su camino pavimentado de ambición.

Ahora bien, ¿cuenta una buena historia, There will be blood? No. La película es lenta y su trama sigue a un hombre con esbozos de ambición y una obsesión  que utiliza cualquier método para lograr su fin: apropiarse de la mayor cantidad de tierras para perforar. Durante la cinta, seremos testigos de muertes, abandonos y traiciones que moldearán la estructura de un hombre cuya evolución es casi nula y se siente forzada. Durante la primera mitad, se sientan las bases de los personajes que pretenden ser relevantes, sin embargo, en la segunda mitad, se sienten como un relleno para justificar las acciones irracionales del protagonista. Y sobre esta línea, uno de los mayores defectos de la película es tomarse demasiado en serio sin tener los elementos de guión adecuados para ello, y esto se nota en varios argumentos que tratan de demostrar un dramatismo extremo, pero que, sólo resultan tediosos.

Y siguiendo el énfasis en la trama, las dos horas y media de duración de la película, sólo terminan hablando de una persona alcohólica que nunca obtiene lo que quiere. Una alma en desasosiego que no tuvo un buen guionista para decantar su historia.

La parte sonora, resulta muy buena, aunque está ahí para manipular ciertas escenas donde no pasa nada, haciendo esperar lo que nunca llega: un chispazo que encienda la trama.

Obsesión y sustancias nunca es buena combinación, lleva al caos y, lamentablemente, en el filme, no se desarrolla de manera adecuada esta premisa para poder causar el impacto deseado. En los últimos 30 minutos de la película, existe una concatenación de tragedias que pudieron haber dejado anonadado al espectador, sin embargo, el mal tratamiento del infierno interno, no logra la angustia que se espera. Cabe resaltar que, el final me recordó un poco al cine de los hermanos Cohen.

En líneas generales, la mejor virtud de There will be blood, es su nivel de producción y unas buenas actuaciones; pero, todo esto se soslaya debido a un guión pobre y una duración injustificable.

Ars gratia artis

 

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