Diomedes, el auténtico “Rambo” de la Ilíada

Aquiles se quedó la fama, a la que estaba destinado; Odiseo (Ulises) se las ingenió para pasar también a la posteridad por sus dotes para el engaño y la supervivencia, y Áyax el Grande se consideraba el más fuerte de todos los griegos en la guerra de Troya -solo detrás de Aquiles- y quizá lo era. Pero el que de verdad cardaba la lana, el aútentico “Rambo” de la narración de Homero, ese fue el hoy olvidado Diodemes. Solo él fue capaz de herir a dos dioses en combate, Afrodita y el mismísimo Ares, lo cual enfadó y asustó a Zeus hasta el punto de ordenar para siempre la separación entre los moradores del Olimpo y los hombres. Todo un punto y aparte en la mitología griega.

Pero si las aventuras de John Rambo han dado para cinco películas, las de Diomedes alimentarían muchas más. Ya antes de la Guerra de Troya había participado en uno de los acontecimientos principales de la literatura clásica: el segundo acto de los Siete contra Tebas. En el primero de esos actos, siete héroes argivos fueron derrotados en combates singulares frente a las puertas de la ciudadela tebana, en una guerra que alimentó la pluma de los mejores dramaturgos de Grecia durante siglos. Pero los hijos de los derrotados, los llamados Epígonos -entre los que se contaba Diomedes- se presentaron ante la ciudad diez años después para reclamar venganza y la obtuvieron con una resonante victoria.

En el caso de Diomedes, la muerte de su progenitor, Tideo, había sido especialmente trágica. Herido en combate singular por Melanipo, su vida pendía de un hilo, si bien su suerte no estaba echada; no obstante, Anfiarao, su supuesto aliado, en realidad le odiaba y le traicionó. Anfiarao embaucó a Tideo ofreciéndole el cuerpo de Melanipo, a quien previamente había matado, asegurándole que si se alimentaba de los sesos de su agresor su herida se curaría. Pero este horrible acto de canibalismo lo único que consiguió fue provocar la repulsión de la inmortal Atenea, que había acudido en auxilio de Tideo con una poción curativa. La diosa vertió al suelo el mágico bebedizo y el padre de Diomedes murió.

PROTAGONISTA DE LA ILÍADA

Es en la Ilíada de Homero donde Diomedes demuestra todas sus capacidades. Primero, acude a la llamada de Agamenón como rey de Argos, una de las principales ciudades aqueas, y aporta la impresionante cantidad de 80 barcos a la expedición. Y cuando hay que viajar al reino de Esciro a reclutar a Aquiles, que se encontraba allí vestido de mujer para evitar ser llamado al combate, es Diomedes el que acompaña a su gran amigo Odiseo para cumplir con la misión.

No en vano, si la astucia de Odiseo es legendaria, la de Diomedes no debía irle a la zaga, ya que no había embajada diplomática en la que no le enviaran, u oportunidad de persuadir con la palabra a algún héroe o rey colérico en la que él no diera un paso al frente para tratar de sacarle partido a su elocuencia y solucionar el entuerto. No siempre tuvo éxito, eso sí.

Harina de otro costal era Diomedes en combate. El temible arquero Pándaro osó herirle y como contrapartida se encontró con un lanzazo en la boca y la muerte. Eneas, de quién Pándaro era su auriga, intentó recuperar el cádaver y Diomedes le acertó al protagonista de la Eneida con una pedrada que lo dejó malherido. En ese momento, la protectora de los troyanos, Afrodita, acudió al rescate de Eneas, pero Diomedes no se arredró y la atacó, hiriéndola en la mano. Otro dios, Apolo, tuvo que intervenir para llevarse a Eneas a un lugar seguro protegido por una nube.

Después de esta gesta, Atenea ordenó a Diomedes que no volviera a atacar a ningún dios -salvo a la propia Afrodita-, de modo que el héroe apuntó al más fuerte de los enemigos: el mismísimo Héctor, hijo del rey Príamo. Y del resultado de este duelo no debía estar muy seguro el inmortal Ares, dios de la guerra, ya que antes de dejarles medir sus fuerzas prefirió intervenir personalmente tomando la apariencia de un soldado e interponiéndose entre ambos. Diomedes reconoció al dios y recordó el mandato de Atenea, lo cual le conminó a huir, si bien Hera habló con Zeus para advertirle que se iba a producir un duelo entre un inmortal y un hombre, y de este modo ganó el permiso para que Diomedes combatiera.

El héroe, ayudado por Atenea, esquivó el ataque de Ares y, en respuesta, le hirió en un costado, haciéndole huir al Olimpo. Allí, Zeus, el padre de los dioses y los hombres, quedará tan molesto al ver a Ares sangrando que prohibirá que los dioses intervengan personalmente en los asuntos de los mortales.

UN PRECURSOR DE LOS “COMANDOS”

Desde luego, los diez años del asedio de Troya dieron para muchos más eventos que los simples combates: la mayoría de ellos son incardinables en esa guerra de baja intensidad que los franceses califican como “petite guerre” y que incluye acciones que hoy en día llevarían a cabo los famosos “comandos”. En esas lides nadie era mejor que la pareja formada por Odiseo y Diomedes.

Más allá de la Ilíada, en el ciclo homérico se narra cómo los dos héroes aqueos lograron capturar al más capaz de los espías troyanos, el veloz Dolón, mientras merodeaba por el campamento de los asediadores. Diomedes se encargó de decapitarlo.

Pero fue el robo del Paladio -una estatuilla mítica, que se supone que hoy se encuentra en Estambul, bajo los cimientos de la estatua ecuestre de Constantino- lo que consagró al rey de Argos. Un augurio advirtió a los aqueos de que robar el Paladio era imprediscindible para tomar Troya, de modo que encargaron la tarea a sus dos hombres más capaces para el engaño y la infiltrinación: lo han adivinidado, Odiseo y Diomedes. Y no fallaron en su misión.

No obstante, la inveterada amistad entre ambos pendió entonces de un hilo. Odiseo, celoso por el hecho de que fuera su compañero quien se había hecho con el Paladio, intentó asesinarle; sin embargo, Diomedes vio el reflejo de la espada de Odiseo y desenvainó a su vez, lo cual fue suficiente para convencer al de Ítaca de que desistiera de sus intenciones, pues nada tenía que ganar en un combate personal ante la superioridad de su rival. Diomedes, desconfiado, obligó a caminar a Odiseo delante de él hasta que estuvieron a salvo en el campamento aqueo.

Tras la caída de Troya, Diomedes regresó a su tierra, Argos, pero como muchos otros de sus compañeros se encontró con un amargo recibimiento tras su larga ausencia. Su mujer, Egialea, tenía un amante, Cometes, y entre ambos trataron de matarle. Diomedes, sin embargo, se las ingenió para evitar la celada que le habían preparado y huyó, refugiándose en el sur de Italia, allí donde siglos después se formó la conocida como Magna Grecia.

Enlace de origen : Diomedes, el auténtico "Rambo" de la Ilíada