El cucurucho

En algunos poblados de Tabasco escuché que les dicen cucuruchos a los jorobados o gibosos, y eso me llevó a recordar que en el siglo pasado aún se usaba el cucurucho, de papel periódico o papel china para envolver; pepitas, cacahuates, piñones, habas etc.

Era un cono donde se vendían semillas, queso rallado, pinole y muchas cosas más en los puestos ambulante e inclusive en los primeros súper mercados despachaban en ellos algunos dulces sueltos, sin envoltura para degustarlos inmediatamente.

El papel ha sido de gran uso en los mercados, se sabe que en los instalados alrededor de lo que hoy es el zócalo de la ciudad de México, el volador, el baratillo y algunos puestos ambulantes –siempre han existido- la gente llevaba a casa la carne, los despojos y otras menudencias en papel, esta costumbre de andar por la calle comiendo semillas ha sido enunciada en varios documentos históricos conservados en Archivos nacionales. Igualmente se envolvía los tamales en papel, si es que lo había, para llevar a casa.

El cucurucho como tal ha tenido larga vida en la historia cotidiana de la ciudad de México, esos conitos de papel de colores o de letras impresas sirvieron hasta que llegó el plástico y remplazó al objeto de que hablamos. La bolsa comenzó   hacerse indispensable en la vida del capitalino.

Bolsa para llevar alimentos y agua, y poco a poco el papel perdió uso en su cuneiforme presentación. Hace un tiempo Juanito Villela se pronunciaba por la vuelta del cucurucho en las calles, pues considera que es menos perjudicial al ambiente, se puede reciclar y es confiable para depositar los garbanzos enchilados, las pepitas y los cacahuates con cáscara; en cambio Aidin, una joven milenia, considera que el cucurucho resta vida a los árboles, se humedece con facilidad y es menos útil en esta vida acelerada.

Cualquiera que sea la postura, el cucurucho fue por mucho tiempo uno de los objetos más vistos en las plazas, la alameda y los mercados de la ciudad. Si uno mira bien los murales de Diego Rivera, si se toma un largo rato frente a los paisajes urbanos, se puede apreciar cómo han desaparecido algunas prácticas cotidianas y sus objetos, así como las palabras que se transforman con el tiempo y se olvidan en las marañas del pensamiento.

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