La mayoría de las personas hemos visitado un museo, por tarea, obligación de relacionar lo escolar con lo que se mira, se va reconstruyendo gracias a las cédulas, la información de los folletos, ahora las guías auditivas, los especialistas que dan el panorama general o preciso del mismo, y a veces, esa interrogante que se realiza desde el presente y con deseos de saber del pasado: inmediato, al diminuto o ese tan distante y abigarrado donde se vuelve al recinto con ganas de aprenderlo de nuevo. O nunca más volver porque se desdibujó la sorpresa, intriga y gusto por el mismo. Como sea, y a pesar del abandono a los museos nacionales, estos se aferran a las esquinas de la Sociedad del Conocimiento.

El Museo, además, era considerado un lugar un tanto frío, lúgubre, siempre con vitrinas inmóviles, pisos relucientes, escaleras amplias, baños lejanos a las salas, y unos visitantes mayores que quién sabe por qué se dedicaban a recorrer museos. Las cosas han cambiado: ahora los estudiantes que visitan el museo tienen un propósito, saben que irán para verificar, comparar, constatar, conocer, mirar no solamente lo que está dentro del museo, sino también el entorno, contexto del edificio y, una vez dentro existe la posibilidad de escuchar al especialista en la materia, ya sea un guía presencial o bien el audio que lleva de la mano por las salas a los visitantes.

Los museos tienen una presencia de más de cinco siglos, pero hasta el siglo XX fueron vistos como parte del proceso de enseñanza-aprendizaje en las escuelas. Muy jóvenes por cierto en la República Mexicana. Los museos se hicieron con las piezas que algunos coleccionistas fueron atesorando para luego donar o dejar el patrimonio al pueblo. Otros se hicieron justo para la enseñanza de la Historia, con un concepto integrador de lo presentado en el recinto. La variedad de museos ha ido en aumento y también la falta de visita a los mismos. Salvo por la tarea que deja el profesor, éstos no son visitados para indagar, olfatear, mirar, algunos tocar, escuchar o simplemente pasar horas frente a la colección, en espera de que de pronto surjan las dudas, las ideas o las sorpresas.

Existen además visitas guiadas durante la noche, para darle mayor realce al placer de recorrerlo sin tanto bullicio matutino. Las visitas especiales y con fines lúdicos o festivos. Y por si acaso la pereza no ayuda a recorrerlo a pie, están los museos virtuales, donde de alguna manera el público mira las obras señaladas, sin atisbar en lo profundo del edificio, sin mirar de cerca la tinta, los colores, las maderas, alabastro y otros tantos episodios de los sentidos que se reencuentran en el museo Los museos virtuales están programados de tal manera que se regresa al sitio sin saber los sobresaltos y buenos momentos de ir a pie, en metro u otro vehículo para descubrir lo que resguarda el museo.

Al museo se le toma como parte de la funcionalidad de las clases de historia, geografía, biología, cívica, etc. La escuela tiene la posibilidad de desplazar a los estudiantes para que los conocimientos, habilidades y destrezas no se queden atrapadas en las aulas, para que recorran por la ciudad los museos que ofrecen temáticas diversas; edificios históricos inquietantes por ser vividos, puertas que sigilosamente guardan objetos, animales desecados, fósiles, piedras con recónditas anécdotas; custodios celosos por proteger piezas únicas e impares. Ejemplos originales de artistas que encantan por su habilidad manual, precisa y emotiva. Un museo no está inmóvil, espera mostrar al visitante lo que guarda en sus entrañas y la magia de su coraza para cuidar parte de la memoria histórica humana.

En algunas escuelas los profesores toman el museo como parte de las herramientas, material de apoyo o simplemente para que el estudiante “sienta” que lo escrito en libros tiene una razón de ser, es “real” y está atrapado en vitrinas, inmóvil y en espera de ser comparado con textos, apuntes, ideas de internet, y si el profesor lo logra, con las preguntas formuladas antes de arribar al lugar por visitar.

Estudiar Historia, Geografía, Ciencias, Arte, Arquitectura, etc., y hacer que estas interactúen, sea una enseñanza multidisciplinar es asunto básico para los y las profesoras. Esto además acompañado por el Museo, dará frutos interesantes para los estudiantes. Es necesario que previo a la visita de un museo, los profesores inviten a los estudiantes, no de manera impositiva, ni tampoco como algo fuera de las clases, externo a lo cotidiano. Se sugiere que al museo se le vea como parte del aprendizaje desde la Educación Básica, esta integridad a las competencias escolares y para la vida. Que integre los ejes temáticos con lo mirado en el museo.

En otras palabras, hay que quitarles el acartonamiento a los museos generales porque su presencia misma impone, por su elegancia y buen gusto, pero nada más maravilloso que visitar un mueso bello por fuera y por dentro. Y hablar de lo que se verá y apreciará, dejando dudas, sospechas, para que los chicos indaguen sobre el recinto, lo que guarda y ofrece al visitante. La tecnología está de la mano de los estudiantes, y pronto navegan para saber del museo en cuestión.

La tecnología lleva a los estudiantes a buscar acción, inmediatez, situaciones lúdicas en su andar cotidiano. Y parece que asistir al museo es encontrarse con lo estático, lo intocable, y a veces aburrido museo sin vida. Dependerá de los profesores, los padres de familia y de las acciones que se toman previa la visita y lo interesante que se haga en los mismos, para que los chicos se adueñen del aprendizaje oportuno que brinda un museo. Los museos de la ciudad de México atesoran los vestigios de la humanidad, poseen parte del legado material e inclusive intangible. El acercamiento con el pasado que ofrecen los museos brindan laoportunidad de entendernos y valorarlos a través de un contacto íntimo con nuestra historia.

Es importante que los profesores recuperen, previo a la visita de los Museos, la imaginación de los chicos, convertirlos en investigadores con lupa y cuaderno en mano, a la manera de Holmes, ir tras la huella del pasado, con un hilo conductor. Esto recuerda que Palacio Nacional y los murales de Diego Rivera presentan ciertos personajes que guían al visitante con un personaje para recorrer la transformación del mismo a través del tiempo, del cambio en la historia y de ver viejos y nuevos elementos por la fusión de culturas.

De esta manera apreciaremos que los museos no están inmóviles, hay una renovación constante, para que los recintos puedan ser utilizados como dispositivos didácticos que robustezcan la dinámica de las clases y el aprendizaje constante fuera de las aulas. Además de las exposiciones permanentes, algunos museos cuentan con exposiciones visitantes, talleres, entre otras actividades. Los museos están listos para recibir a los estudiantes que antes de arribar al mismo, husmea en las lecturas, navega en internet, lleva sus aparatos móviles para captar su propia apreciación al asomarse a esos recintos que recuperan fuerza e importancia en tanto los chicos se involucran con el mismo. Una vez que se han abastecido de lecturas previas, lo que vean, encuentren y descubran en los museos fortalecerán un aprendizaje integral.

En suma, es importante que los profesores inviten a los estudiantes a conocer el museo a través de una presentación previa, sensibilicen sus inquietudes, aprendan a tener hábitos indagatorios entre el presente y pasado e indicar, que esos museos son algo parecido a un tesoro que merece ser valorado, cuidado y gozado.

La visita al museo, la preparación previa para realizar el recorrido, y lo que se verá en las salas, debe adecuarse a la edad de los estudiantes de educación básica. La profesora o profesor debe considerar los distractores que hay en las salas de los museos, a saber: visitantes de otras edades y lugar de origen, el encuentro con otras escuelas, el punto para el refrigerio, etc. Mientras se cuiden estos detalles, los estudiantes tendrán mejor cercanía con lo que miren en el museo. Si el profesor y el guía del museo hablan previo a la visita, se puede establecer mejor la manera de enfocarse a ciertos objetos, al recorrido en tiempo y a la edad de los chicos.

Lo importante en el aprendizaje escolar evidentemente es el estudiante, y a este se le ha de considerar como un agente pensante, perceptivo, receptivo y lúdico, entre otros. No es un ente vacío, que almacena conocimientos. Los chicos tienen procesos cognitivos contextualizados, y siempre que la profesora o el profesor lo sepan, serán usados para lograr lo que se conoce como Aprendizajes Esperados. En este sentido, al asistir a los museos el profesor hace su planeación para que la visita sea productiva en muchos aspectos. Ahí mismo, en la planeación, el profesor definirá las estrategias didácticas que usará en el museo, de ser posible compartirlo con la guía del mismo o el coordinador del área educativa. Es importante rescatar la interacción sensible y racional de las fuentes primarias que encontrarán los chicos en el museo. Con frecuencia los estudiantes preguntan si las cosas que ven son “verdaderas” u “originales”, esto lo debe aclarar el profesor durante el proceso de enseñanza, con la finalidad de establecer la estrecha relación de las fuentes históricas con los museos; la importancia de las réplicas y los motivos de las mismas.

Con este aprendizaje procedimental y la aplicación práctica de conocimientos, situados en el contexto del museo, de lo que representa dentro de la historia, y de cómo los estudiantes son protagonistas sociales de la historia, hará de la visita al museo y el regreso un aprehender único. El Binomio Museo-Escuela, Escuela-Museo hace de los chicos de Educación Básica aprendices de Historia consolidados, al estudiar las fuentes, reconocerlas en cuanto sus ojos tropiezan con los vestigios del pasado. Es recomendable que los chicos utilicen la sensibilidad, las emociones a través de los sentidos, los sentimientos y valores. Cabe señalar que al visitar un museo se debe respetar lo que se guarda, a quienes lo custodian, lo dejan arreglado y con aliño, los pisos y paredes, los objetos mismos, y el respeto irreductible a visitantes incluyentes. Un análisis racional llevado de la mano del especialista, haciendo inferencias sobre el origen y sentido de las cosas que se ven, así como de la información alrededor del objeto de estudio, aunado con la información que se adquiera de diferentes fuentes secundarias, dará un plus a los estudiantes.

La interacción que hacen los estudiantes con fuentes desde el aula hasta el museo los hará críticos agudos de lo que viven, piensan y quieren como actores sociales de la historia. No hay nada más gratificante para un historiador, que los chicos se asuman como parte de la Historia, y no solo como observadores de la misma. Sin duda el conocimiento de las fuentes dentro y fuera del aula repercute en el alumno y su manera de mirar las cosas: sin aburrirse y caer en el tedio de datos, letras sueltas, imágenes colgadas en la pared o espejos que no reflejan el ir y venir del tiempo.

El taller que haga el profesor con los estudiantes será un proceso cognitivo que lo motiva a cuestionarse, indagar, verificar, comparar y luego, por un asunto de hábitos y técnica para a aprender se involucra con su realidad social.

A través de la metodología para conocer las fuentes en el aula, de manejarlas, practicar constantemente, los estudiantes estarán más involucrados para visitar el Museo, adquirirán una conciencia histórica situada en el museo, en su entorno, en el propio contexto social del estudiante, ya sea su vida familiar, personal o escolar mediante el conocimiento y difusión del patrimonio cultural. No hay nada más emocionante que ver a los escolares explicar el edificio que mira un pariente por la ventanilla del automóvil y que sea él o ella quien diga lo que hay dentro, cómo se llama el lugar, cómo fue que lo conoció y lo que aprendió en la escuela camino al museo y su retorno para integrar conocimiento y aplicarlo.

La manera de hacer un buen taller desde el aula, se logra con la invitación por parte del profesor hacia los estudiantes de observar imágenes, mirar objetos, preguntarles por lo que comen, de dónde será su origen y cómo llegaron a su casa. Todo lo que ve, escucha, huele, siente, disfruta, brinca, goza el estudiante es sujeto de historiar. Las fuentes y la manera de estudiarlas las encuentra en gran medida en los Museos.

Cuando se ha terminado la visita al Museo, los chicos deben recrear lo que aprendieron a través de su bitácora, de hablar del tema con sus propios compañeros, con la familia y los amigos. Un aprendizaje se consolida más cuando se sabe desde el presente, se va al pasado y se mira al futuro.

Los soportes de los cinco sentidos, lo auditivo, lo visual e inclusive lo virtual dejan huellas profundas en quienes viven la historia, y el museo es parte de este sentir, disfrutar, hacerlos propios a los estudiantes. Así se educa históricamente a los estudiantes, en este proceso continuo de enriquecer culturalmente, teniendo el conocimiento activo-vivo de la Historia. La recomendación para lograr la efectividad de esta educación histórica debe tomar en cuenta a los estudiantes en su proceso de formación, entenderlo en su singular mundo de niño-adolescente-joven, con todas las implicaciones su acelerado presente, y el profesor y profesora deberán de propiciar un aprendizaje rico en cultura, en valores, en acciones sociales, en el libre hacer sensorial y social.

El museo es considerado por los especialistas como parte de una metodología formal, pero se lleva bien con la informal que son las fiestas y tradiciones locales, la tecnología, y la vida cotidiana, pues cómo no estar en sintonía si alrededor de un museo acontece lo antes señalado. Además de los museos, esos recintos especiales que atesoran parte del pasado, la propia ciudad de México es un museo:  casas de siglos pasados, la Catedral y las iglesias, mercados como el Abelardo L. Rodríguez, algunas fachadas que están por caer, y un largo acervo que no cuesta más que mirar bien.

Como guía del museo Casa de la Bola, he tenido la oportunidad de abrir las puertas, mirarfotografías, oler el polvo del pasado, sorprenderme cuando un visitante pregunta por algo que estaba frente y no lo vi.

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