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Cultura

El refugio de los dioses

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Seguramente has visitado el museo de Antropología, o qué tal el templo mayor en el mismísimo centro histórico del D.F., tal vez alguna zona arqueológica. Ahora se puede hacer de manera virtual, por si no los conoces, es momento de darte un rol por sus pasillos. Podrás encontrar varios dioses. ¿Sabes cómo vivían, cuál era su refugio?

Los mesoamericanos en general, creían que sus dioses estaban con ellos casi todo el día, en los objetos cotidianos, en la naturaleza: ríos, montañas, lagos, cuevas, caminos, etc. Ahora imagina dónde vivían, cómo era su cosmos: se parecía a un gran árbol con niveles, con sus amplias ramas, unos estaban más cercanos al cielo, pero también podían estar en medio del tronco (que representa la tierra) o abajo en las raíces, lo que sería el inframundo (semejante al infierno). Había cinco árboles cósmicos, plantados en el centro del mundo y, al mismo tiempo, abarcaban cuatro rincones de la tierra ¡estos tenían que sostener el cielo!

Los dioses no eran estáticos en sus sentimientos: ni eran buenos ni malos. Algunos dioses tenían un don llamado ubicuidad, es algo que generalmente deseamos tener todos, porque ese don le daba la posibilidad de convertirse en humano, en animal, en cosa, en casi todo lo que deseaban, estar en un lugar y otro, ¡al mismo tiempo! Uno de ellos era  Xolotl, dios del relámpago que a veces se dividía y estaba en una vasija o en una mariposa. Se elevaba hasta el horizonte y tomaba  esa estrella que brilla tanto en las noches, o sea, era Venus en el cielo y, al mismo tiempo, el ajolote deslizándose por las aguas de Xochimilco.

El poder de los dioses mesoamericanos era tan asombroso que podían desintegrarse y construir nuevas divinidades, ser duales: jóvenes-ancianos, hombre-mujer, día-noche. Quetzalcóatl, divinidad náhuatl en su lado oscuro dio origen a Tlahuizcalpantecuhtli, señor de la Aurora, y de su lado negro daba vida al Ehécatl, señor del viento. Había otros dioses que  unían sus poderes para formar uno solo. Así encontramos entre los zapotecos a Pijetao, entre los mayas a Hunab Ku y, entre los mexicas a Tloque.

En suma, podemos decir que los dioses fueron creadores del cosmos, eran los gobernadores de los diferentes niveles cósmicos, eran los guardianes del mismo contra los abusos de los mortales mesoamericanos. Cada pueblo tenía sus propios dioses creadores, así de la humanidad como de los animales. Ellos generaban la vida y la muerte, marcaban las etapas del desarrollo del individuo. Eran capaces de construir, destruir, enviar enfermedades, beneficiar la naturaleza, enfadarse o ser felices con los humanos.

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