El síndrome de Korsakoff: No puedo recordar tu nombre

Existe en nuestra cultura, la idea orgullosa de que la ingesta de alcohol, o alcol como la mayoría pronuncia, es sinónimo de diversión y dureza.

Poder tomar un caballito de tequila sin denotar mueca alguna, se exhibe majestuosamente entre los acompañantes y crea un estatus que provoca placer.

De igual manera, la ingesta excesiva, tiene su lado cómico y hasta ingenuo. Una persona que toma cada fin de semana hasta perderse y que tiene que lidiar con una cruda magistral al otro día, no se considera alcohólico hasta que deja de asistir a sus obligaciones. Ser funcional es la medida exacta entre tener o no un problema.

Cioran, el eterno filósofo y escritor, comentaba que la vida sin olvido no podría ser posible. Esto se da porque el recuerdo llega a ser una carga que es necesaria dejar de lado, lo cual se logra con el dormir y algunas veces, con los vacíos causados por el alcohol.

En el apartado del olvido es donde entra el Síndrome de Korsakoff. Éste es un trastorno que afecta a la memoria y al aprendizaje y está asociado al consumo excesivo de alcohol. Esto se da porque al consumir grandes cantidades de la substancia, la absorción de la vitamina B1 es inapropiada y causa la afectación.

Con este síndrome en mente, sale en escena el neurólogo y escritor británico, Oliver Sacks, quien en su libro, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, narró la historia de Jimmie G.

Sacks, conoció a Jimmie en 1975, cuando este último tenía 49 años. Jimmie recordaba ser ayudante de radio en un submarino y contar con sólo 19 años, en su mente era el año de 1945. Sacks comprobó que el hombre podía recordar cada detalle de ese tiempo, pero nada posterior. Había perdido 30 años de su vida. Fue terrible para el señor G., comprobar en un espejo que su cara había envejecido.

La conclusión: sufría de amnesia anterógrada (incapacidad de formar nuevos recuerdos), causada por el Síndrome de Korsakoff.

El caso es interesante y es un ejemplo de cómo el exceso causa daño. Hay que recordar que la muerte no es el peor de los males.

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