El spoiler o la necesidad de (no) saber

Alerta de Spoiler: Vas a morir.

Actualmente, nuestra cultura exige renovación constante. Una eterna dosis de euforia que nos haga sentir vivos. Se ha formado una cultura donde se cuida de manera exacerbada el hermetismo de la información.

Cristian Vázquez, en su artículo “Por qué odiamos los spoilers: una hipótesis” escribe que una razón de odiar los spoiler es porque rompe la fantasía que creamos en torno al medio de entretenimiento que estamos consumiendo. Al saber lo que sigue, mi mente se hace consciente de que estoy perdiendo tiempo valioso en comer o dormir (en llenar las necesidades básicas).

Por otro lado, Luis Reséndiz en “La tiranía del spoiler” comenta que centrarse en el spoiler, es sólo centrarse en un nivel narrativo de la obra.

Como ya se ha comentado antes, una de las premisas básicas de la escritura asegura que ya todo está dicho, la clave está en cómo lo dices. Con esto en mente, valorar el recorrido en una película de amor tiene mayor peso que saber que todo se acaba en traición o en un beso.

En un diálogo del primer capítulo de la sexta temporada de Dr. House, El doctor Gregory expresa la siguiente frase: “Una de dos, acaba y alguien sale herido o no acaba y alguien sale herido”. Con esta frase, considero que se plantea de manera clara que el final, a veces, es irrelevante o secundario. Una buena conclusión, o un punto clímax en una obra sólo se puede considerarse así si tiene un desarrollo que lo sustenta.

Existen obras dentro de la literatura y el cine que empiezan con el final. ¿Existe algún problema con eso? Podríamos pensar que están diseñadas de esa manera y su tratamiento será distinto al haber revelado una parte importante de la trama. Sin embargo, contiene cierta relación con las obras que no están estructuradas de esa manera. Si saber que en El sexto sentido, Bruce Willis está muerto nos arruina la experiencia, habríamos pasado por alto todo el trabajo de guión que está detrás del filme. Aunque, si saber el final SÍ arruina la obra, ésta tiene problemas más grandes.

Con esto expresado, no niego que la sorpresa no sea una parte importante. Todos hemos tenido buenas experiencias con los giros en algún producto de entretenimiento, sin embargo, las obras que logramos amar y apreciar, contienen algo más que sólo una escena sorprendente.

Volver de vez en vez al mismo libro o a la misma película es muestra de ello. Al leer de nuevo Werther de Goethe o ver Annie Hall de Woody Allen, no me provoca una sorpresa nueva, pero me seduce por la belleza que observo (de nuevo) en cada una de ellas.

Así que, la próxima vez que leamos las palabras spoiler alert, no tengamos miedo. Al final de cuentas, ya conocemos en qué acaba: Nunca te amó.

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