mié. Ago 4th, 2021

La primera reacción no es buena. No exactamente mala, sino más bien desconcertante. Decía Spinoza, que no vio una película de Pixar en su vida, que no hay esperanza sin miedo ni miedo sin esperanza. Una es una alegría inconstante y el otro una tristeza igual de caprichosa. Y la razón es que tanto la una como el otro nacen de la idea de algo futuro o pasado de cuya efectividad dudamos.

Con cada nuevo proyecto de la casa fundacional de Toy Story sucede que la esperanza de la llegada de un nuevo prodigio es equivalente al miedo de un nuevo Cars. Y cuesta asimilar el lugar ajeno a esta disyuntiva en el que se encuentra la creación de Enrico Casarosa, el que fuera padre de esa sofisticada maravilla llamada La luna. Desconcierta, pero a todo se acostumbra uno.

Luca se aleja de forma consciente de la vocación rupturista de los mejores y más adultos trabajos de Pixar. A distancia de la abstracción lisérgica de Soul o sin prestarse a los juegos metalingüísticos de Onward, los dos últimos trabajos mayores, la propuesta ahora consiste en modular la voz, atemperar el gesto y obligarse a un ejercicio de ternura tan universal como difícilmente rebatible. Se diría que la idea es optar por la línea más clara posible y el argumento más lineal o reconocible imaginable. Y ahí la sorpresa y, en cierta medida, la desorientación. El miedo y la esperanza a la vez.

En sentido estricto, Luca no tiene argumento. Es sólo mito. Así como en las películas citadas en el párrafo anterior, el plot (argumento) era prácticamente irreproducible por su complejidad, vueltas sobre sí mismo y falta de credibilidad (¿de verdad alguien ha hecho una película de dibujos animados con las almas del purgatorio y el jazz inspirada en los móviles de Alexander Calder? Sí, eso ocurrió), esta vez todo es transparente. Se cuenta el verano de un niño en tierra y monstruo en el agua (o al revés, depende del punto de vista) que aprende con esfuerzo y la ayuda de los amigos a aceptarse a sí mismo con sus rarezas y a que los demás comprendan que sus peculiaridades (como menor y extranjero sin papeles) no son ninguna amenaza. Desde mucho antes de La bella y la bestia estamos ahí. Se llama civilización.

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