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Impresiones de “Lo que fui es lo que soy” de Alejandro Sanz

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“Yo soñaba despierto, que es como se sueña” dice Alejandro Sanz en algún momento de su filme Lo que fui es lo que soy, el cual vio la luz el pasado abril de 2018 en cines de España (mayo en México) y el cual, ya está disponible en Netflix.

Debo empezar diciendo que, soy un seguidor de la obra de Sanz, hace algunos ayeres que canto de manera constante algunas de sus canciones y he sido testigo de la evolución del cantante, por lo cual, la llegada de este documental me pareció oportuna para ahondar un poco más en la vida del artista para comprender la obra de otra manera.

El documental inicia con un Sanz preparándose para un concierto en Jarandilla de la Vera en 2017 y el cual será especial en extremo porque contará con los músicos que lo acompañaron en el año 1998. Esta excusa desencadenará la remembranza de los inicios de un artista de poca monta que empezó llamándose Alejandro Magno y posteriormente se convirtió en el bien posicionado Alejandro Sanz que todos conocemos.

Debutando con un mal afortunado single “Los chulos son pa´ cuidarlos” de 1989, el documental de Sanz, nos lleva de la mano por cada uno de los discos y su proceso detrás de ellos. El recorrido cronológico ahonda hasta “El tren de los momentos” para después centrarse en el presente, donde se muestra un Sanz apasionado y maduro que saborea cada gota de la fama que ha conseguido.

Y si algo se expresa de manera clara en esta obra, es el tratamiento de la fama: de las tinieblas al ojo expectante; ya que no es fácil sobrellavar el propio nombre en la boca del mundo y es necesario redefinir quiénes somos y hacia dónde vamos cuando ya alcanzamos lo que queríamos. Recordemos que una de las peores maldiciones que existen es tener lo que queremos.

Aunado a esta reflexión, somos testigos, en sutiles momentos, de la génesis de algunas de las canciones, reafirmando que el arte nace de lo que conocemos y sentimos. Claro ejemplo es la canción “A la primera persona”, un verdadero grito de ayuda de un Sanz que estaba abatido por la pérdida.

Un punto a resaltar en la obra, en su hora y cuarenta minutos de duración, es su tratamiento superficial sobre los temas que plantea. Ciertamente, estoy seguro que es así como fue concebida, sin embargo, en la última media hora, sí se nota cómo se apresuran las cosas, dejando de lado los últimos discos y sólo añadiendo su contribución con Shakira.

Y entrando en el tema de colaboraciones, si algo ha sabido hacer Sanz, es adaptarse, y clara muestra son las cooperaciones que ha hecho a lo largo de los últimos años con varios artistas de diversos géneros: Alejandro Fernández, Marc Anthony, Jesse y Joy, Calle 13, Paty Cantú, etc.; mostrando que la música pop tiene una raíz fuerte, pero ramas flexibles y lo cual, reitero, no se ahonda tampoco en el documental.

La sangre llama a la sangre dice el dicho y yo podría agregar que, el arte llama al arte y digo esto porque, mientras miraba el documental,  empezó un prurito de creación, ya que la pasión se nota y se contagia. Una persona sin pasiones, es un ser que no existe y cuando uno tiene la oportunidad de ver el camino de ascenso de alguien que admira, crea la inspiración para decirle al corazón: yo quiero eso.

Documental recomendable.

¿Lo que fui es lo que soy?

Ars gratia artis

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