Freud, en su momento, habló del humor y su carácter necesario de negar la realidad que lastima. A lo largo de la carrera de Jim Carrey, lo hemos visto llevar la comedia hasta niveles maniqueos, y tal vez, todo ello es sólo un síntoma de una realidad que hiere demasiado. Su paso por dramas con tintes humorísticos los supo sobrellevar de una buena manera, siendo películas de culto, Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y El show de Truman. Sin embargo, la evolución lo ha arrastrado a presionar el drama mucho más, probablemente, como un reflejo de su actual tendencia al nihilismo que hemos podido presenciar en Jim & Andy o en su curiosa declaración en una alfombra roja.

Si soy sincero, inicié a mirar Kidding con un poco de morbo. La idea de ver a Jim en el formato de serie televisiva me pareció intrigante a la vez que el nombre de la serie indicaba que no podía que ser otro su protagonista. La serie empezó a transmitirse en septiembre de este año y hace poco acaba de terminar la temporada.

¿Y bien? Brutal es la palabra que define a la obra. Kidding es un paseo por un humor negro exquisito que va creciendo a medida que se sucede cada capítulo. En la serie, elementos que se consideran infantiles, cobran un significado tenebroso y adulto, que impacta.

El Sr. Pickles, estrella de un programa infantil,  es la forma que se nos expresa el sufrimiento. Así como el chiste de Pagliacci[1], el Sr. Pickles,  tiene que tomar la máscara de la esperanza y el humor ingenuo, mientas su familia se hunde en un hoyo negro.

En cada momento de sus 10 episodios, la serie te mantiene atado a su trama, donde no hay extremos innecesarios y donde se mezcla de manera sublime el llanto y la risa.

Kidding, tiene un final que retumba en el estómago y te hace querer más. La serie fue creada especialmente para el Jim que deshace la realidad y que reflexiona sobre la inutilidad de todo. Así, es sin duda, es de lo mejor del año y merece que todo aquél que respete y disfrute el humor negro, voltee a verla.

[1] Un hombre va al médico. Le cuenta que está deprimido. Le dice que la vida le parece dura y cruel. Dice que se siente muy solo en este mundo lleno de amenazas donde lo que nos espera es vago e incierto. El doctor le responde; “El tratamiento es sencillo, el gran payaso Pagliacci se encuentra esta noche en la ciudad, vaya a verlo, eso lo animará”. El hombre se echa a llorar y dice “Pero, doctor… yo soy Pagliacci”.

Ars gratia artis

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