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Cultura

La Cruz de Mayo

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La Cruz de mayo o la Cruz Florida festejada el 23 de mayo por los cristianos; al parecer la misma que tenía forma de “cruz” en el mes Tóxcatl celebración dedicada a Tezcatlipoca, dios de la guerra del panteón mexica, sigue siendo la recepción que da la bienvenida a las lluvias. Cronistas novohispanos dan testimonio de la misma y refieren que en la traza colonial, los edificios aún en plena construcción recibían por parte de albañiles y talabarteros, una cruz ataviada con flores de colores, joyas, mantos inmaculados y ceras al pie de las mismas.

En la Nueva España a la celebración de la Santa Cruz, se le denominaba de tabla y acudían a la ceremonia el virrey y la Real Audiencia. Quienes organizaban la procesión, la misa y el  convite era el gremio de los albañiles; el mayordomo sufragaba todos los gastos. La creencia tenía tal trascendencia que en la Catedral estaba una capilla dedicada al culto. Esa tradición continua hasta nuestros días y desde el norte hasta el sur de nuestro país se celebra este día de múltiples maneras y se da rienda suelta al paladar, al goce del baile y canto tanto en las construcciones particulares como en sitios específicos, dependiendo de la región, creencias y tradiciones. Barrios, colonias con el nombre de Santa Cruz abundan en la ciudad capital, esta vez haremos referencia a Santa Cruz Meyehualco.

El caos y la zozobra han permeado la imagen de la delegación Iztapalapa, sobrada está la información nada gratificante para esa región del oriente de la ciudad más: grande, contaminada, insegura, etcétera. Sin embargo, la vida continúa, se multiplica la fiesta de la Santa Cruz, porque los viejos y los nuevos habitantes se adaptan, construyen, multiplican, resisten, crean y sobreviven en su andar de asfalto. La tierra se parcela indiscriminadamente y se separa de su entorno de un modo antinatural, lo que provoca un notable desequilibrio que se hace sentir en las vicisitudes de los habitantes. En Iztapalapa, donde antes existieron lo huisaches, ese pueblo gobernado por Cuitláhuac y donde la horticultura fue el sustento cotidiano, sobresale la sierra de Santa Catarina: una cadena montañosa que se localiza en el oriente de la ciudad de México. Está formada por los volcanes Xaltpec, Tecuauhtzin o Santiago, Guadalupe o el Borrego, la Caldera, los cerros Yohualixqui, Tetecón y de la Estrella. En los tiempos de octubre a mayo cuando las lluvias son escasas se aprecia la deforestación de la franja; la explotación de sus yacimientos de tezontle, basalto y arena con fines de construcción. Sin duda es un panorama bastante desolador, pero una esperanza se esconde en su seno: y es que de sus entrañas va el material del albañil, mismo que será protegido por la enorme cruz puesta el 3 de mayo sobre el cerro de la Tortuga, bendecida por el cura, puesta con la fe de los pueblos vecinos, sustentada por la señora de las arenas, la virgen de Xalpa.

No nos conmoveremos de las tradiciones si no nos detenemos por lo menos un momento a fijar la mirada, a dejar que el aire, su aroma y el movimiento de las creencias nos rocen. La velocidad por sobrevivir nos distancia de la emoción, a veces nos vuelve insensibles y pragmáticos, nos aleja de la percepción, del descubrimiento, de las otras formas de vivir sus costumbres los pueblos nativos como Santa María Aztahuacán, Santiago o Santa Cruz Meyehualco.

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