La máscara teatral del dios Pan

“Todo lo que es profundo ama el disfraz…Todo espíritu profundo tiene la necesidad de una máscara” Nietzche

Dentro de los tesoros que resguarda el Museo de arqueología de Córdoba, destaca la máscara del dios Pan. En primera instancia, sabemos que la máscara es la plasmación de algún sentimiento, ya sea ansiedad o sosiego, nos dice algo desde el primer acercamiento. La pregunta que formula el espectador-visitante es quién era el dios Pan, y qué misterio hay tras la máscara; además la máscara constituye la motivación de la fenomenología diaria en la vida del museo. Porque bien se aprecia que hay museos con vida, que vinculan el presente con el pasado, en su eterno diálogo para saber y escudriñar objetos y pensamientos.

El dios Pan, representado en la mitología con sus patas gruesas, cola alargada, cuernos de carnero, habitaba  Arcadia, del panteón griego. Un hibrido inmortal. En su necesaria estancia por las praderas, y a veces la ciudad, era al mismo tiempo animal, pastor, cazador, pescador, protector de ganado y animales salvajes. Un dios alegre que tocaba la siringe y se irritaba si alguien osaba despertarlo de su sienta. Un dios en apariencia apacible, dios de la guerra no por su afición a esta, sino porque justo evitaba los enfrentamientos entre los enemigos; guía y amigo de las Ninfas, las Náyades y orgullo de los coros de oro.

En chilangolandia se ve la máscara de Pan, en ese museo bello de Arte, que nos obliga a pensar en la necesidad de la máscara como entidad dual, donde los rostros que hay atrás de la misma, pueden ser adopciones de los propios hombres.

La forma teatral continua, el comportamiento según las convivencias. Una máscara es en gran medida el caleidoscopio diario, el  convertirse en otros, en la representación de un dios lejano, pero tan presente al referirlo en el museo y en la historia misma de la humanidad. La idea de la dualidad desciende, regresa y se manifiesta en lo que rodea a la historia del dios Pan.

Igualmente el objeto que nos ocupa lleva a la reflexión de saber que el hombre adopta la máscara con rasgos de los dioses; se cubre con ella el rostro e inmediatamente empieza a representarlo, en el teatro, en la vida cotidiana y se convierte en la manifestación física sobre la tierra.

El dios Pan es superior a la naturaleza, porque puede divinizarse temporalmente, o por siempre, en un trozo de mármol que da fe de su existencia; tal vez puesto en un clavo de una pared sin tiempo, pero que puede moverse, actuar, danzar ante el ojo humano que le aprecia, lo escudriña, se imagina que hay detrás de las cuencas obscuras vaciadas en el largo tiempo.

Las máscaras constituyen el símbolo que representa la unidad y la ostentación del dios Pan, su orgullo y decadencia. Obliga al espectador a buscar en los ojos de la máscara, lo que ha vigilado en el pasado, que narre los montones de escombro hilvanados a su derredor, que hable consigo mismo y de cuenta de sus andanzas, y que del humo gris azulado, salga a relucir su mito y permanencia en la memoria orgánica de los presentes.

 

 

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