Jue. Oct 28th, 2021

El oscarizado actor publica en español su autobiografía, ‘Greenlights’, una mezcla de vivencias con literatura de superación personal.

Como muchas de las historias de falsa modestia que llenan Hollywood, Matthew McConaughey dice que no tenía ningún discurso preparado la noche en que ganó el Oscar. “Elegí subir con un discurso muy personal de lo que me ha funcionado a mí en mi vida en lugar de ser genérico”, dice el actor, quien se llevó el premio de la Academia de cine a mejor actor en 2014 por su interpretación de un enfermo de sida en Dallas Buyers Club. Sobre el escenario despachó en pocos segundos los agradecimientos de rigor al director y a los rivales derrotados. Después habló de las tres cosas que necesita todos los días: alguien a quien admirar, alguien a quien esperar y alguien a quien seguir. “Mi héroe soy yo en 10 años”, dijo entonces en un discurso con el pegajoso timbre de un aforismo. El momento se hizo viral con más de 24 millones de reproducciones.

Aquellas palabras pronunciadas en tres minutos contenían lo esencial de una filosofía personal que McConaughey (Uvalde, Texas, 51 años) profundiza en Greenlights (Luces verdes), su autobiografía. El libro, publicado en español por Cúpula, es una mezcla entre los diarios que comenzó a escribir a los 15 años, anécdotas de su vida y carrera y algunos elementos de la literatura de superación personal. “Puede ser autoayuda, pero también puede ser optimismo implacable”, dice de buen humor McConaughey, quien se refiere por momentos a sí mismo en tercera persona, y aparece en la videollamada de Zoom con gafas de sol y el pelo largo sujetado con una liga. A su espalda una bandera de Estados Unidos y decenas de ejemplares de su libro, que se ha convertido en un éxito de ventas gracias a la transparente ventana al interior de una celebridad.

“Los mejores momentos del libro son cuando soy más personal. Y a más intimidad más hablo a la gente sobre lo que es ser humano”, reflexiona McConaughey, quien muestra su poder de narrador describiendo el violento ambiente familiar en el que creció y las salvajes peleas y malos tratos entre su madre, Katy, y su padre, Jim. En una de estas, la discusión comenzó a la hora de la cena. Él tiró enfurecido la mesa por los gritos de Katy, a quien persiguió por la cocina. Ella buscó un cuchillo y lo amenazó con cortarlo en dos, pero terminó golpeándolo con el teléfono y rompiéndole la nariz. Jim, de 1,90 metros y casi 100 kilos, la bañó en salsa de tomate como respuesta. “Se dejaron caer hasta quedar de rodillas, hasta el suelo de linóleo lleno de sangre y kétchup… e hicieron el amor”, escribe McConaughey.

Algunos lectores han confesado el escándalo que les han producido algunos relatos de la casa de los McConaughey, un matrimonio que se divorció dos veces y se casó tres entre ellos. Jim le rompió a Katy el dedo corazón en cuatro ocasiones. También se lio a golpes con su primogénito Mike y estuvo cerca de hacerlo con Matthew como parte de un rito de masculinidad que hoy sería calificado de tóxico. A pesar de esto fue una figura muy importante en su vida que nunca lo vio triunfar. Murió teniendo sexo con su esposa antes de que McConaughey debutara.

“Tenemos que bajarnos de esa nube de que el amor y el romance es solo belleza y suavidad. El amor es duro. Mis padres tenían momentos feos, pero estos nunca superaron al amor que se tenían”, afirma McConaughey, quien dice haber utilizado estas historias para apuntalar su teoría de las luces verdes, la necesidad de cruzar por una experiencia para ver el resultado al otro lado desde una nueva perspectiva. “Aquí es donde la gente cree que es el punto donde todo estalla, donde inicia el triste final de algo. Pero no. Así es como ellos se comunicaban”, señala. Él y su esposa, la modelo brasileña Camila Alves, añade, “no practican el castigo corporal” con sus tres hijos, de 8, 11 y 13 años. “No juzgo a mis padres por haberlo utilizado. No nos castigaban porque los castigos quitan tiempo y el tiempo es el bien más preciado. Eso es una gran filosofía. Así que decíamos ‘hazlo si es rápido y no hay mucho dolor’. Después seguíamos adelante y no volvíamos a hablar de ello nunca más”.

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