Si es verdad la premisa que el otro es medida de lo que soy ¿qué hay de mí  en la  caravana migrante?

Hablar es fácil, llenarse la afirmando la diversidad y el buen corazón que tiene México es una perorata que hemos escuchado hasta el cansancio.

Hablar de diversidad en México, va más allá que enumerar su vasto territorio o sus expresiones culturales, es más bien hablar de las incongruencias y  ridiculeces; es hablar sobre la diversidad de estupideces que pasan en él y que todos aceptamos.

Al escuchar hablar sobre la caravana y sobre el rechazo que tuvieron algunos mexicanos, no me sorprendió. La discriminación en México siempre ha estado velada por la medida de la victimización: “pobres de nosotros que sólo queremos pasar a Estados Unidos en busca de oportunidades”.

Oportunidades es la que todos queremos y necesitamos alguna vez, pero, curiosamente, la queremos a nuestro modo y capricho.

Denise Dresser habla sobre ponernos un espejo para confrontar nuestro repudio a lo diferente, sin embargo, yo planteo que ese espejo ya está desde hace años y nos gusta lo que vemos; aceptamos con cinismo nuestra naturaleza forjada con los años.

México es diverso, claro que sí, es el país donde una banda de black metal (Marduk) cancela su visita porque grupos religiosos así lo dispusieron; es el país donde se  lincha a quien se atrevió a hablar mal de Juan Gabriel, días después de su muerte; es el país donde un día proponen de presidente a un director técnico que gana un partido mundialista, y al otro, lo denigran intensamente; es el país donde matan y a unas cuantas horas se escuchan los mariachis de nuevo; es el país de la esperanza donde puedo votar más de cuatro veces sobre algún tema.

Asimismo, humanidad es una, y los hondureños decidieron rechazar la oferta de empleo temporal, servicios de salud y educación que les ofreció México. Pero, por supuesto, si lo que quieren es llegar rápido a Estado Unidos, no necesitan el desprecio o las migajas de los mexicanos.

¿Qué hay de mí  en la  caravana migrante? Yo mantengo las palabras de Unamuno en mi mente y las sigo fielmente: odio a mi prójimo como a mí mismo.

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