Piña para las niñas

Muchos de los hombres que se encontraron con la América tropical, miraron un producto en esas tierras fértiles, que se convertiría en delicia solo para algunas personas que pudieran pagar su algo costo; la nobleza se jactaba de comer una deliciosa piña o ananás que llegaba tras largo recorrido del mar a la mesa de esas personalidades.

Entre tanto la tierra que la vio nacer, daba fruto para los nativos descalzos que extraían de las entrañas de la tierra algo que no es fruta, pero que su recolección alegraba a los hogares americanos y europeos por igual. Esta planta emite desde el centro un tallo ancho con un compacto grupo de capullos rojizos o violáceos, en la parte elevada o alta; corona este tallo una roseta terminal, de hojas de orla espinosa. Lo recubren muchas brácteas espinosas dispersas entre las flores, que en realidad producen una de las frutas más bellas y jugosas del trópico.

Sus flores son estériles, y eso que conocemos como fruto en realidad es una estructura notable, un conglomerado del que forman parte el tallo principal, las espinosas brácteas y los tallos individuales de las flores, fundidos en jugosa masa.

El fruto es, entonces, la cáscara. La cáscara es quien conserva el zumo y la picante fragancia del ananás. Su producto digestivo ha sido, desde siempre, valioso para los consumidores de piña, que con su enzima ayuda a la digestión de las proteínas.

Es frecuente en la actualidad comer la piña acompañada de carne, sopa fría, con sal y chile o simplemente al natural. Pero es necesario considerar que esta planta que solo florece una vez, fue costosa y difícil de conseguir durante el reinado de Carlos II de Inglaterra. Fue considerada una golosina costosa; en Filipinas fue bien recibida y pronto la cosecha del ananás hizo de las suyas en el archipiélago, donde aprovecharon las hojas largas y de éstas se obtiene una fina fibra blanca, con la cual se hace una hebra y de ellas se extrae una tela lisa de gran valor en el mercado.

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