Abordar a Von Trier, siempre puede resultar complicado. Considero que algunas de sus obras son un poema hecho por un pequeño genio de 17 años, ya que por más conocimientos sobre técnicas y cultura general se tenga, el tratamiento que otorga conduce a un elevado narcisismo que empalaga a ciertos espectadores, entre esos, estoy yo.

La más reciente película de este director, La casa que Jack construyó, se estrenó en el pasado festival de Cannes y se vio envuelta en polémica debido a que su alto contenido de violencia provocó que algunos asistentes salieran de la sala. Esto no es nuevo para alguna película y tal parecería que se ha vuelto un cliché, además de una técnica de venta que sigue atrayendo a muchos.

Sin embargo, más allá de su supuesta falta de gusto argumentada por algunos sensibles de estómago, hay que decir que el filme de VonTrier es mediocre.

La trama sigue a un hombre de mediana edad llamado Jack, el cual sufre de un trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y que es un asesino serial. La historia se divide en 5 capítulos que son llamados “incidentes” y que son narrados por el propio Jack a un interlocutor llamado Verge.

Ya sabiendo esto, empecemos diciendo que sí existen escenas violentas, sin embargo, no exceden ciertos estándares que ya se han visto en otros filmes. Lo que en verdad hay que decir, es que la película es una comedia que se toma demasiado en serio y ese es su problema. Desde un comienzo nos arrojan escenas absurdas que se desarrollan de una manera artificial y que sólo pretenden justificar un momento de agresión explícito; es como un niño creando una historia para poner a sus juguetes a pelear.

Asimismo, durante cada incidente, se nos presentan reflexiones que son sobre explicadas, lo cual deja la sensación de que el director no supo plasmar a nivel visual su idea, por lo que recurre a una retórica que justifique lo que vemos en pantalla.

El personaje principal es un cliché de asesino que todos estamos cansados de ver. El manejo de su trastorno y su personalidad es bastante fútil y se nota que no hubo ninguna exploración profunda para crear un personaje icónico. Aunado a esto, la única motivación para asesinar resulta ser un sentido de dolor existencial, lo cual deja a un personaje casi hueco y sin posibilidad de desarrollo.

Cabe mencionar que la parte final de la película tiene un tono más real y la cual trata de unir un poco todo lo expuesto en las dos horas previas, sin embargo, es insuficiente. En, La casa que Jack construyó, vemos una caricatura que peca de presuntuosa y que aporta buenas perspectivas de temas ya bastante tratados en todos los medios: el bien y el mal, el arte, la religión.

La película cuenta con un epílogo que intenta soldar los elementos con la idea de la Divina Comedia de Dante. Verge, sale a escena y es el guía de un Jack desconcertado y lleno de miedos que lamentablemente no tiene impacto en el espectador por la poca construcción del personaje que ya se mencionó.

Como conclusión, la nueva obra de Lars Von Trier es recomendable sólo si se está dispuesto a perder dos horas en una discusión bizantina o si de verdad se es fan del director.

De manera personal, sugiero leer mejor “Del asesinato considerado como una de las bellas artes” de Thomas de Quincey.

Para complementar esta opinión, puedes echar un ojo a la revisión de Fernanda Solórzano, que nunca tiene desperdicio, aquí.

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