Estrenada hace pocos días en nuestro país, ‘Three Billboards’ fue una de las favoritas de la pasada edición de los Premios Oscar, llevándose a casa el premio a mejor actriz para Francis McDormand y el premio a mejor actor de reparto, para Sam Rockwell. Descubrí que en esta cinta podía identificarme con la historia, sobre todo viviendo en México, puesto que la impunidad es algo que hasta cierto punto tiene que escapar a nuestra sensibilidad si queremos mantenernos sanos dentro de la violencia que vivimos, vemos, leemos y escuchamos. Mildred Hayes (Francis McDormand), lleva el rol de madre de una chica que fue brutalmente violada y asesinada, llevándola a cuestionar a las autoridades acerca de este feminicidio porque no han podido resolver ni avanzar en el caso durante varios meses. Y es que tiene bastante sentido. Quién, ante la pérdida de un ser querido tan cercano y conociendo las circunstancias del asesinato podría quedarse en una posición estoica, quizá sabiendo que el caso jamás será resuelto. Pues bien, Mildred no se da por vencida y decide contratar a una empresa local que maneja espectaculares dentro un camino poco transitado en la carretera —sí, como los que vemos de cualquier empresa o partido político, pero útiles y con mensaje. Esta decisión lleva a la policía local no sólo a reflexionar nuevamente sobre el caso, sino a intentar convencer a Mildred de quitar los anuncios; al mismo tiempo que se lleva la enemistad del pueblo por la lealtad hacia el jefe de la policía.

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Hay pocas formas, desde mi perspectiva, de transmitir lo que te deja y lo fuerte de esta película. Es una montaña rusa de emociones. No sabes si sientes dolor por lo que te logra transmitir de forma grandiosa McDormand o repudio hacia el departamento de policía, porque todo puede cambiar en cinco minutos. En un momento estás completamente conmovido hacia Hayes y logra hacerte sentir empatía, luego lo estás hacia el personaje de Woody Harrelson y luego pasas de odiar al personaje de Sam Rockwell a querer que todo le salga bien. Creo este recurso es algo sumamente valioso en la película, ya que no te deja juzgar la historia como si estuvieras viendo algo en blanco y negro: aquí todo puede cambiar en un instante, desaparece en el drama la concepción del bueno y del malo, porque la intención del director no es mostrarnos una historia acerca de la moralidad, sino dejarnos en claro que se camina sobre la cuerda floja y que podemos actuar con base en nuestras ideas cuando el sistema te orilla a esas circunstancias.

La violencia, otra de las herramientas del director, es algo sumamente importante en esta película, pero no para la historia, sino porque vemos una historia orgánica donde el dolor físico, los golpes y las armas son parte del conjunto, transformando a la violencia en un medio y no en un fin, dando mucho más realismo al film.

¿Lo mejor? La actuación de Francis McDormand y Sam Rockwell, el guión, la fotografía ‘veranezca’ con un gran manejo de la luz natural que contraste bastante con el escenario campestre pueblerino y con la violencia; la historia, algo que brilla por sí misma y que, reitero, con la que podremos identificarnos enormemente; la actuación de Woody Harrelson y su relación con la Hayes, con el pueblo y con su familia. ¿Lo malo? A veces hay situaciones que parecen forzadas, como coincidencias que tratan de apresurar el final y que parecen irreales y poco orgánicas hacia el desenlace, (aunque esto no le quite crédito a lo demás).También podrían estar en desacuerdo con el oscuro y confuso final, donde quizá no pueda explayarme para no ser el típico spoiler, pero que definitivamente pinta para ser uno de los finales más abiertos a la interpretación en los Premios de la Academia.

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