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Cultura

Reseña: Toda la sangre de Bernardo Esquinca

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Romper con el pasado es imposible. La medida de lo que somos está sometida por los hechos consumados. La búsqueda de redención con aquello que nos resulta lejano, y a veces extraño, es una forma de apaciguar la sangre que recorre agitadamente nuestras venas.

La novela de Bernardo Esquinca, Toda la sangre, publicada en 2013, es un paseo por diferentes temas que rozan lo marginal y cuyo hilo conductor es el tratamiento de la sangre.

Al iniciar la novela, conocemos a Casasola, redactor de la revista, Semanario Sensacional. Casasola es un escritor frustrado que trabaja en la redacción de notas que probablemente llegarán a leer muy pocos. En ese momento, se encuentra trabajando en un artículo sobre los vagabundos. Para esto, ha decidido participar activamente con ellos, simulando el trabajo del escritor Jack London, en su obra “La gente del abismo”.

Emil Cioran, llegó a comentar en algún momento que aquel que se atreve a vivir al margen de la sociedad se convierte en un monstruo. Casasola, al observar con detenimiento a aquellos seres que se apropian de ciertos espacios de la ciudad, llegará a la misma conclusión. Reflexionará sobre los privilegios que brinda ser un proscrito y hasta envidiará la sensación de libertad que ofrece relajar los intestinos en la calle.

Semanario Sensacional es dirigido por Santoyo, hombre de carácter fuerte y estilo cínico que desea volver su revista de poca monta en un diario respetuoso y poder competir con los mejores del país. Para esto, tiene a su disposición a un equipo de trabajo de dos personas, el mismo Casasola y Quintana.

Santoyo no tendrá que esperar mucho para que la oportunidad de completar su deseo aparezca. Tres corazones son encontrados en Templo Mayor y el director, enviará a sus dos mejores (y únicos) elementos para obtener la primicia.

Con esto, la obra iniciará un recorrido por el centro de la Ciudad de México, dotando de vida y protagonismo a una ciudad que se ha desgastado en miles de relatos, pero que cobra un nuevo giro con los elementos de thriller que aporta el autor.

Uno de las primeras visitas que haremos será hacia las cantinas de la ciudad, en donde encontraremos a Quintana, periodista y alcohólico profesional, quien con la ayuda de Casasola, empezará a esbozar las primeras teorías del hallazgo en el Templo Mayor. Aquí tendrá génesis el nombre de “Asesino ritual”. Entre botellas de alcohol barato, podremos conocer el pasado de Quintana, que nos hará recordar las palabras de Poe: “el insondable anhelo del alma a exasperarse a sí misma”. Ya que los vicios tienen un inicio funesto y un final aun peor.

Hay que decir que hasta este punto, los personajes de Esquinca son desarrollados de manera correcta, dotando de profundidad a cada uno de ellos, sin embargo, mediante avanza la trama y se incluyen nuevos personajes, éstos se notan menos trabajados y los pasajes de remembranza son escuetos y no tienen peso real. Muestra de esto es Elisa, arqueóloga que se ve implicada en la investigación de los corazones y poco después es protagonista de la historia. Ella se nota como elemento primordial que hace avanzar la trama, pero sin fondo.

Ya trabajando en el caso del Asesino ritual, los periodistas seguirán las pistas del asesino. Éste, dejará partes humanas por diferentes partes de la ciudad y alimentará el morbo de la nota roja.

La tragedia ajena (y propia) seduce. Durante la novela, la nota roja se muestra como aquella búsqueda implacable de la verdad que levanta piedras y enfrenta mareas. Existe, igualmente, un tratamiento de lo onírico que está ligado con este género. En sueños, Casasola hablará con el Consejo de Periodistas Muertos de Nota Roja, el cual servirá como puente entre la vida y la muerte para nuestro protagonista. Con esto, la novela jugará con elementos y una estructura que por momentos coquetea con la fantasía.

Un punto importante dentro de la novela es la muerte de Quintana. Ésta llega como producto del abuso del alcohol. Este nuevo hecho, hará que Casasola se apoye en Elisa, la arqueóloga encargada de revisar las ruinas históricas que están siendo invadidas por la sangre.

Con un lenguaje afable y un ritmo dinámico la trama avanza y llegamos a conocer al amigo de Casasola, “El griego”, quien está recluido en un hospital psiquiátrico. Con él, seremos conscientes de algo que tal vez ya intuimos: la línea entre locura y la razón es fina. El descubrimiento del diario del asesino debajo de la catedral de la ciudad, hará que El griego empiece a trabajar para descifrarlo.

Si antes Casasola y Elisa conjeturaban que el asesino buscaba recrear los sacrificios aztecas, ahora con el diario, es claro. Con esta información, la pareja tendrá que ir un paso adelante del asesino, sin embargo, su búsqueda se entorpecerá con la aparición de Jorge Mondragón, agente judicial cuya filosofía está en los fines no importando los medios.

En Toda la sangre, veremos la importancia del pasado y su inexorable presencia en el presente. Cada uno de los personajes busca escapar de sus recuerdos sin éxito, generando una cadena de elecciones que llevarán a la tragedia.

En el último tercio de la novela el toque de fantasía, ya planteado en líneas anteriores, se hace presente con mayor fuerza. Elisa es secuestrada y utilizada como último eslabón para hacer renacer el poderío azteca. El griego logra descifrar las últimas pistas y Casasola con ayuda del agente Mondragón, logran detener al asesino, pero no a los presagios funestos que desatarán su mando sobre el mundo.

Al terminar de leer Toda la sangre de Bernardo Esquinca, notamos una obra atractiva donde el escenario de la ciudad y el tratamiento del pasado prehispánico son cuidados; agregando una historia que engancha por la obscuridad de sus personajes y su lenguaje que invita a leer un capítulo más.

La saga donde está presente Casasola está integrada por: La octava plaga de 2011, Toda la sangre de 2013 y Carne de ataúd de 2016.

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