Dicen que la Historia sirve para aprender de nuestros errores; si, según indican, ésta inicia con la aparición de la escritura, ya sería tiempo de ir aprendiendo algo. Pero no: ni es tan simple aprender, ni la sociedad es perfectible. Esta idea, como casi todas las que nos conforman, que son occidentales lo queramos o no, deviene de la modernidad, esa época iniciada en el Renacimiento que viene a coronarse con la Ilustración.

En ese entonces, además de originarse muchas ideas y eventos diversos en los que no profundizaré, se enunciaron dos falacias: a) el Hombre (con mayúsculas) camina hacia el progreso (que está adelante); y b) nuestras ideas son las correctas y si el Hombre las sigue alcanzará la perfección (la idea de que no las siguiera no era una opción, tampoco se les pasó por la cabeza que no estuviesen ellos en lo correcto, o que este concepto de bien fuera subjetivo).

No es que esta época surgiera de la nada, seguramente si Platón no hubiese expulsado a los poetas de la República, aunque fuera en teoría, nada hubiera sido lo mismo. Lo que quiero decir con todo esto es que no, a mi parecer, la Historia no sirve para aprender de nuestros errores, ¿por qué no aprendió Hitler de las cruzadas o de  María, la sangrienta, y asesinó, en pleno siglo XX, nuevamente a millones de personas? No es que fuera un ignorante de la Historia, sencillamente para él su asesinato tenía justificación y era correcto.

La Historia es más bien un medio para entender quiénes somos y porqué somos así. Que creamos que el Hombre camina hacia el progreso y aprende de su Historia es una idea que nos viene de un determinado punto histórico, del mismo modo nuestras percepciones e ideas se desencadenan de algún lugar, de algún momento.

Si he decidido hablar aquí de los años 60 ha sido porque me parece que es una época que delimitó y modificó nuestra forma de ser, de actuar, de vivir… Podrán recriminarme que mucho se ha dicho ya acerca de esta década,  y sí, es cierto, mucho se ha dicho y debe seguir hablándose al respecto. No es lo mismo Platón que 2000 años después; desde este siglo XXI en el que nos encontramos ¿qué podemos decir con respecto a los años 60 del siglo pasado?, ¿cómo ésta década determinó nuestra forma de pensar?, ¿de qué manera este período marcó el camino hacia el punto en que nos hallamos y desde el que nos sentamos a mirar el pasado hoy, en un mundo globalizado y posmoderno?

 

El mundo dividido

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                                                                             Muro de Berlín

Los años 60 se caracterizaron por ser una época que dividió al mundo. Los Estados Unidos, con su ideología capitalista, y la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, con su visión socialista, iniciaron una lucha de poder cuyo premio, bien lo sabían, sería el mundo.

Hay que aclarar que las circunstancias de ambos países eran diferentes y que, por tanto, desde su propia realidad, su visión se justificaba. Esta guerra, como, en mi opinión, lo son todas, no fue sino la lucha porque el mundo tomara la forma que, al parecer de cada una de las naciones, era la correcta.

La división pudo observarse por todas partes y el símbolo más claro fue el muro de Berlín, construido en 1961.

En nuestro país, como bien sabemos, se llevaron a cabo protestas en contra de los Estados Unidos, en contra de sus guerras, sus invasiones y su ideología; pero, a la vez, se realizaron manifestaciones antisocialistas en las que grupos católicos presentaban carteles con frases como: “Dios y señor nuestro, salva a Cuba y toda América del comunismo. Virgen de Guadalupe, intercede por nosotros.” En una de estas revueltas se linchó a cinco trabajadores de la Universidad de Puebla por considerarlos comunistas.

Pero la división en estos años no surge únicamente a partir de la guerra entre socialismo y capitalismo. En África, la lucha contra la dominación Europea ganó la liberación de más de 15 países.

En esta batalla se distinguió Nelson Mandela, quien, en 1961 fue juzgado por alta traición y en 1963 fue arrestado.  Durante el juicio, Mandela mencionó las siguientes palabras:“El hombre blanco hace la ley, nos arrastra a sus tribunales, nos acusa y se sienta por encima de nosotros para juzgarnos…”  Con este discurso se ponía de manifiesto lo relativo de las leyes y los valores, afirmando que éstos  no eran sino una imposición de los poderosos.

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                                                                                                       Nelson Mandela

Del mismo modo, la pelea contra el racismo se extendió por los Estados Unidos donde los afroamericanos, liderados por Martin Luther King, decidieron exigir sus derechos con un grito que no sería fácil de sofocar.

El 5 de diciembre de 1955, una mujer cansada después de una jornada de trabajo, se subió a un autobus y decidió sentarse en el puesto que quiso y no en el que le correspondía por ser gente de color.  No podemos saber exactamente la razón por la cual un día, de pronto, Rosa Parks dejó de seguir su destino y decidió cambiarlo. Pero si se puede afirmar que la década de los 60 fue una época dividida precisamente porque estuvo llena de acciones. Podríamos fundamentar este actuar con la expansión del pensamiento existencialista, sin embargo, es difícil que la mujer negra supiera algo respecto a esta tendencia filosófica y, sin embargo, la nueva forma de ser de pronto se puso de manifiesto por todos lados, de un día para otro todos los individuos comenzaron a tener el valor de enfrentarse con o sin bases existencialistas. Podemos decir que la liberación comenzó a sentirse en el aire, así como se afirma que Platón no plasma en sus diálogos sus aisladas ideas sino las de su época, así podemos decir que era la época de que surgiera el existencialismo porque el mundo se estaba volviendo un mundo de acción.

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                                                                             Martin Luther King

Los jóvenes, acostumbrados a obedecer, a seguir reglas y roles, a aceptar el saber heredado; en la década de los 60 decidieron que no, no estaban deacuerdo con esos valores, en ese instante decidieron que no querían dejarse caer en su destino sino que querían crearlo, decidieron que no querían ser esposas, abogados o heterosexuales.

Fue así que las mujeres quisieron trabajar o desarrollarse fuera de su casa, los africanos decidieron que tenían ganas de sentarse en las bancas reservadas a los europeos, los negros se dieron cuenta de que tenían derecho a votar, los homosexuales quisieron sencillamente ser ellos mismos sin que se les juzgara por ello, los jóvenes cuestionaron el sagrado valor del trabajo y concluyeron que éste era sólo un mecanismo de funcionamiento de aquello a lo que Pink Floyd denominaríaThe Wall.

No obstante, sin ladrillos, la pared comenzó a desmoronarse. Antes, el mundo estaba separado entre los que mandaban y los que obedecían; el problema fue que, al dejar de obedecer y buscar el respeto a la propia individualidad se generaron batallas. Hubo guerra entre blancos y negros, entre padres e hijos, entre religiosos y ateos, entre hombres y mujeres, entre homosexuales y heterosexuales. La década de los 60 fue el momento en que se comenzó a aceptar a todos, a reconocer que todos valían, que todos eran diferentes pero todos humanos y, por tanto, con los mismos derechos.

Se ha intentado seguir ese camino seguir ese camino desde entonces. Se ha intentado, sí, pero aún hoy en día es muy difícil.

Hubo, no obstante, una guerra que no se intentó menguar, en la que no se intentó aceptar la diferencia, precisamente aquella en la que el mundo estaba encerrado: la guerra entre capitalismo y socialismo.

Continuará…

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