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Opinología

Sobre la crítica

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Dentro del pensamiento, resulta natural la comparación o juzgamiento de los elementos que nos rodean. La apropiación del mundo por medio de la reflexión resulta primordial en el crecimiento, ya que con ella definimos posturas que marcarán la forma de ver la vida y desenvolvernos en ella.

Y, ciertamente, un punto importante que pertenece al terreno de los juicios, es la crítica. La crítica se define, etimológicamente, como el acto de discernir o separar, es decir, desmenuzar un objeto, para así, observar detalladamente sus partes y poder emitir una postura.

Ahora bien, recordemos que existe la doxa y la episteme. Mientras que la primera se refiere la opinión vulgar, basada en la experiencia; la segunda se refiere al conocimiento, aquél que está sustentado y va más allá de las creencias o la experiencia.

Todos somos críticos, ya sea una u otra forma, emitimos juicios con base en lo que creemos correcto o incorrecto y nos definimos gracias a ello. Ya sea con el mundial de fútbol o en las elecciones presidenciales, cada uno tiene razones que pueden rozar en la doxa o la episteme, pero a final de cuentas, caen en algo tan básico como son las pasiones.

Si algo define al ser humano es la irracionalidad y ésta es enaltecida en cada evento en que el hombre sugiere que puede ser objetivo. Las palabras han sido y serán siempre utilizadas para convencer y aplastar, los avances tecnológicos siempre serán utilizados para saciar los instintos básicos.

Si bien todos tenemos la capacidad de criticar, la especialización trajo la opción de hacerlo una profesión y vivir de ello. Actualmente, existen críticos para todos los ámbitos de la vida, desde la literatura hasta las licuadoras. Todo tiene que ser clasificado y evaluado por seres que se dicen expertos en esa área y, por ende, tienen la autoridad de decirnos si leerlo o no, comprarlo o no.

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A principios del siglo XX, surgió La escuela de Frankfurt, en donde nació la llamada teoría crítica; aquí, una serie de filósofos e investigadores como, Theodor Adorno, Walter Benjamin, Max Horkheimer, Herbert Marcuse, etc; criticaban y evaluaban las nociones de crítica social de la época, enfocándose en la sobreexplotación de fórmulas.

Con esto, buscaban sugerir que los críticos habían tomado el control de los artistas y sus obras. Una obra sólo sería exitosa si el crítico le otorgaba una buena calificación.

Basados en esto, y bajo ya lo dicho de las pasiones, los críticos, independientemente de dirigirse bajo la doxa o la episteme, son víctimas de sesgar su juicio. Rosario Castellanos lo dice de esta manera, en un apartado de su obra Mujer que sabe latín…:

Porque, así como no hay enfermedades sino enfermos, así tampoco hay crítica sino críticos. Y los críticos suelen alterarse con suma facilidad: por la simpatía o la antipatía hacia una persona o hacia una obra; por la opinión emitida por un crítico rival; por la adhesión a un grupo semejante o antagónico al grupo que se supone que pertenece el autor; por el mal funcionamiento de su aparato digestivo la mañana determinada en que ha sido redactado su sentencia; por la envidia; por la generosidad; por el sentimiento de culpa; por el complejo de frustración. En resumen, por todas las pasiones que mueven y conmueven al hombre  y le impiden lo que Platón llamaría la contemplación pura y sin mezcla de esencias.

Al leer esto nos preguntamos ¿de verdad existe la contemplación pura? Como bien lo dice Castellanos, hasta un simple retortijón puede cambiar los rumbos de nuestra mente y nublarla. Maupassant ya lo comentó: tener buena digestión puede ser la diferencia entre suicidarnos o no.

Con todo esto, se puede entrar al terreno de la fortuna y afirmar que el éxito depende de los demás y sus estados de ánimo. Ya sea al pedir trabajo o encontrar una pareja, todos somos seres interconectados que dependemos de la crítica inmediata de nuestros comensales o nuestros rivales más lejanos.

En “Match Point” película de 2005, dirigida por Woody Allen, la primera escena que vemos es de dos personas que están jugando al tenis. En algún momento la pelota pega en la red y la toma se detiene; aquí entra una voz en off y se inicia una fina digresión sobre la suerte; si la pelota cae de un lado o el otro, ya no depende de las aptitudes del jugador, sino completamente del azar.

En conclusión, mucho de los elementos de la vida son azar y la reflexión constante puede ayudar a poder asir de mejor manera las pequeñas cosas que tenemos en nuestro control. Hay que dudar de la duda y preguntarnos ¿por qué pienso lo que pienso? como lo diría Andrés Roemer.

La crítica puede ser un punto de inicio pero no una verdad que deba ser seguida fielmente. Pasemos del la crítica al criterio.

Alea iacta est!

 

 

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