Las personas pensamos, nos movemos e interactuamos todo el tiempo, estamos influenciadas por cada hecho y suceso que pasa ante nuestros ojos o a los ojos de nuestros más próximos compañeros. Tratamos de comprender y dar una lógica a los actos ajenos y a los propios. Somos complejas palabras en la novela de la existencia.

La base para el estudio de la sociedad se inicia con el individuo. Hay que empezar la comprensión del otro para poder llevar a cabo la comprensión de un grupo. La compresión radica en tratar de inferir los motivos para qué y por qué de sus actos, por supuesto, nunca podré saber al cien por ciento lo que piensa la otra persona, pero las experiencias que he podido captar a lo largo de la vida me ayudan a llenar ese hueco que siempre existirá.

La tipificación sobre los actos observados es una herramienta básica para el desenvolvimiento social, gracias a ella aprendemos los lineamientos que nos ayudan a sobrellevar las normas impuestas que todos tenemos al nacer.

Una parte esencial de mi existencia y mi vida en sociedad implica el reconocimiento del otro, con ello puedo reflejarme, y al admitir que ese otro es una persona consciente, puedo empezar a relacionarme. Las relaciones las cuales me aportan los conocimientos indispensables para realizar mis tipificaciones se pueden dar de diferentes formas, ya que pueden ser en relaciones cara a cara o relaciones con externos y de manera indirecta.

Las relaciones cara a cara resultan ser las más fructíferas para las personas, con ellas puedo participar en la conciencia del otro, el tiempo y espacio que compartimos juntos está lleno de espontaneidad, expresiones y formas involuntarias. Llegamos a tener cierto grado de intimidad con la persona que tenemos enfrente y nuestro cúmulo de experiencias e información se va expandiendo. Sin embargo, esta experiencia e información la podemos hacer válida y funcional hasta que llegamos al punto de reflexión, ésta tiene que darse fuera del contexto de la relación cara a cara, ya que pretende volver objeto a nuestro compañero de experiencia y también a nosotros mismos, con el fin de ordenar los datos obtenidos.

Existen también los otros, los que llamamos contemporáneos; aquellas personas que existen en el mismo tiempo que nosotros pero que no comparten mi sentido de cómo pasan las horas ni cómo es el espacio. Son las que puedo llegar a reconocer gracias a las tipificaciones hechas con las ideas de mis relaciones cara a cara, aquéllas que infiero que existen porque las puedo ver a diario conduciendo el autobús que me llevará a la escuela, o atendiéndome en el bar al que cada viernes voy en soledad; pero son las personas que no me interesan más que para su cumplimiento, al igual que yo no lo intereso más que de la misma forma.

Una vez que reconocemos y llegamos a formar estas tipificaciones (tipos ideales) tratamos de adentrarnos en el mundo dado. Lo hacemos por medio de las herramientas que podemos asir de manera voluntaria y otras que resultan obligatorias. El individuo puede moverse con las llamadas guías de vida, que no son más que las pautas que sirven de manera mecánica para obtener algo, o puede aventurarse un poco a desviarse del camino para tratar de llegar a su objetivo. Todo depende de las experiencias y qué tan dispuesto esté a sobrellevar las consecuencias.

Todos tratamos de realizar la llamada acción racional¸ aquella donde podemos discernir de manera adecuada los medios que tenemos y poder elegir el más adecuado para nuestro fin. Aunque a veces parecemos bastante tontos en ese aspecto.

Vivimos de manera ingenua en el mundo cotidiano, la certidumbre una meta lejana y hasta a veces ridícula, nos movemos con probabilidades de éxito o de fracaso, tratamos de imitar pautas y aun así sentirnos especiales, únicos en nuestro cosmos. Somos una cosa absurda.

Para los que quieran ser más objetivos, tratar de dejar un poco de lado esta ingenuidad -los llamados científicos sociales-, deben aprender a apartarse del teatro de las actividades triviales, alejarse y saber tipificar de manera acertada basándose en las acciones que resultan importantes en la sociedad a estudiar. Al que quiera aspirar a ello tiene que comprender que la soledad está implicada en esa tarea.

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